“Foro Abierto: ¿Qué es lo que consumimos? Seguridad en el Consumo de Alimentos y Bebidas”

Agradezco al Consejo Nacional de Defensa al Consumidor, en la persona de su presidente, Sandino Bisonó, la invitación a participar en este “Foro Abierto: ¿Qué es lo que consumimos? Seguridad en el Consumo de Alimentos y Bebidas”.

Como se ha demostrado, existe una relación directa entre la calidad de los bienes alimentarios que consume la población y la salud humana.

Quiere decir, que la inocuidad de los alimentos es un tema relevante para la salud pública, ya que los alimentos que consumimos, pasan por una larga cadena que abarca la producción, la conservación, la distribución, la comercialización, y en muchos casos el procesamiento.

Como se dice de manera gráfica, “la alimentación humana comienza en la granja y termina en la mesa”.

Como profesional del área agropecuaria, me siento directamente vinculado al tema de este foro.

De manera particular, puedo dar testimonio de haber dirigido un difícil proceso que ilustra el tema que nos ocupa.

Me refiero a que, como ministro de agricultura en el período 1978-1982, tuve que enfrentar la eliminación de toda la población de cerdos para erradicar la fiebre porcina africana en el país.

Esa medida fue necesaria para poder asegurar nuestro acceso a los mercados internacionales, responder a las expectativas de sanidad de los turistas, y garantizar la sostenibilidad de la producción cárnica en el país.

Obviamente, fue inevitable tomar otras medidas dirigidas a proteger los intereses de los productores porcinos, que en su mayoría eran modestos campesinos, que veían la crianza de cerdos como su alcancía para los tiempos difíciles.

Debemos preguntarnos: ¿Cuáles son los aspectos relevantes de la relación entre producción de alimentos y la salud pública?

La producción de alimentos empieza con la relación entre el productor y la tierra.

La sostenibilidad de esa relación implica proteger la calidad del suelo y asegurar la rentabilidad de los productores.

Para lograr esa sostenibilidad, es imprescindible la capacitación del productor y de todos los que participan en el proceso de producción a nivel de finca.

El manejo de post cosecha, especialmente cuando se trata de productos para el consumo directo, es vital para asegurar la salud del consumidor. El cuidado con que se haga ese proceso es vital para asegurar la calidad de los alimentos.

En el caso de los productos empacados, los controles de calidad deben ser aún más rigurosos, a los fines de evitar su contaminación.

Lo mismo ocurre con la etapa de comercialización, ya que los productos podrían tener buen manejo en la finca pero se podrían contaminar en el proceso de transporte y distribución.

Una dimensión vital de este proceso es el almacenamiento, donde los riesgos de contaminación son también muy elevados.

Finalmente, la educación del consumidor juega un papel fundamental en el manejo, la higiene y la preparación de los productos que consume.

Obviamente, una cadena tan compleja como la industria alimentaria, requiere no sólo de un marco regulador y de una legislación apropiada, sino también del concurso del sector privado y la participación activa de los consumidores en defensa de sus propios intereses.

Todo ese andamiaje debe descansar en un régimen de consecuencias para quienes atenten contra la salud pública en el manejo de los alimentos.

Ahora bien, ¿Cuál es la importancia de este debate para la República Dominicana?

En la economía globalizada en que vivimos, la autosuficiencia alimentaria ha dejado de ser un objetivo realista. En los hechos, somos un país exportador e importador de bienes alimenticios.

Para alimentar la población nacional, que hoy ronda los 10 millones de habitantes, estamos produciendo e importando alimentos como nunca antes.

También, debemos asegurar los alimentos que demanda la pujante industria turística dominicana. La satisfacción de esa demanda, además de ser suficiente en cantidad, debe asegurar la calidad demandada por los turistas nacionales y extranjeros.

En efecto, al año 2016 estamos recibiendo más de seis millones de turistas, quienes demandan productos de calidad, bien presentados y con óptima higiene.

En nuestra condición de país exportador, hoy exportamos bienes alimenticios hacia diversos países, principalmente de América y Europa. Las exportaciones hacia Haití, nuestro segundo socio comercial, son de importancia vital para nuestra economía.

Es importante destacar que una buena parte de esa exportación consiste en productos frescos, incluyendo aquellos producidos bajo el sistema de invernaderos.

Por cuanto en los países hacia donde exportamos hay rigurosos controles de calidad, estamos obligados a proteger la calidad de esos productos desde la finca hasta su destino final.

Además de los productos frescos, exportamos alimentos enlatados, los cuales requieren condiciones de procesamiento más rigurosas para satisfacer los requerimientos de los mercados internacionales.

Por cuanto la agricultura orgánica para exportación se consolida en el país, como es el caso del banano y el cacao, es un desafío aplicar normas y controles especiales para garantizar la inocuidad de esos productos.

En ese sentido, el adiestramiento de los recursos humanos constituye una prioridad indispensable.

Así como somos exportadores de alimentos, también importamos bienes alimenticios frescos y procesados.

Los alimentos importados también requieren de la aplicación de normas y controles para asegurar que no representen una amenaza a la salud de los consumidores.

En efecto, algunos de esos productos llegan al consumidor con etiquetas escritas en idiomas no comprensibles para la mayoría de nuestra gente.

Es de particular importancia asegurar la certeza de la fecha de caducidad de esos productos.  Su adulteración constituye una amenaza directa a la salud de los consumidores.

En el caso de los alimentos importados, los deficientes controles fitosanitarios han permitido que se introduzcan plagas y enfermedades perjudiciales para la producción nacional.

Un ejemplo de esta realidad es lo ocurrido recientemente con la aparición de la mosca del mediterráneo en el país.

La llegada de esa plaga se tradujo en la suspensión temporal de nuestras exportaciones de varios productos agrícolas hacia los mercados de América del Norte, con las consecuentes pérdidas para los productores nacionales.

Algo parecido ocurre cuando nuestros productos de exportación contienen niveles  de sustancias químicas nocivas inaceptables para los países hacia los cuales exportamos.

Es mi deber decir en este foro la grave distorsión que existe con las importaciones de numerosos alimentos, en detrimento de los productores y en perjuicio de los consumidores.

En ese sentido, no es exagerado afirmar que en el país opera un entramado que obtiene cuantiosos beneficios por la falta de transparencia con que se hacen algunas importaciones.

Un caso ilustrativo de esta realidad es lo que ocurre con los lácteos importados.

Mucha de esa materia prima carece de la calidad requerida para el consumo humano.

Más grave aún, parte de esas importaciones proviene de países que subsidian su producción.

Eso se traduce en la entrada a nuestro territorio de productos cuyos precios son inferiores a los costos de los productos locales. El resultado es una competencia desleal que, en muchos casos, lleva a la quiebra a nuestros productores.

Otro hecho es la venta en el mercado nacional de leche obtenida a partir de leche en polvo, con la apariencia de estar ofreciendo un alimento fresco.

Al hablar de salud y alimentación no podemos ignorar el hecho de que, en la República Dominicana, más de un millón de estudiantes reciben alimentación en las escuelas públicas.

La calidad de los alimentos que ingieren esos estudiantes es vital para su desarrollo fisiológico y el proceso de aprendizaje en el que se encuentran involucrados.

Más aún, la higiene en el manejo de los alimentos servidos en las escuelas públicas es determinante para la salud de esos estudiantes.

La alimentación servida en las escuelas públicas debería hacerse, principalmente, a partir de productos criollos, que sean nutritivos, saludables y que beneficien a los productores nacionales.

Un objetivo alcanzable es que la alimentación escolar incluya frutas, vegetales, huevos, leche y otros alimentos de producción nacional.

Debemos preguntarnos: ¿Qué hacer para asegurar la alimentación sana de nuestra población?

Debemos de partir de que el país produce la mayoría de los bienes alimenticios que consumimos, y que éstos llegan al consumidor como productos frescos.

Esos bienes son producidos tanto por productores tradicionales como por aquellos que usan tecnología de punta, como es el caso de los invernaderos.

Esa diversidad dificulta la aplicación igualitaria de las normas y controles requeridos para asegurar la inocuidad a nivel de finca.

Por eso, propongo que, en las fincas, seamos celosos en el uso adecuado de productos químicos de los cuales depende la inocuidad de los alimentos que consumimos localmente y de los que exportamos.

Para tal fin, resulta imperativo capacitar a todas las personas involucradas con la producción.

De igual manera, debemos entrenar a todo el personal involucrado en el manejo de post cosecha, incluyendo el empaque y transporte de los productos hacia los centros de distribución.

En el caso de los vegetales, la inversión en el transporte y el almacenamiento en ambiente controlado significarían un salto cualitativo en la preservación, calidad y durabilidad de los alimentos.

En cuanto a los centros de distribución y venta al consumidor, debemos prestar atención especial a la higiene del entorno donde se venden los alimentos.

De manera particular, debemos asegurar que se use agua de buena calidad para reducir la contaminación de los alimentos.

El saneamiento ambiental y el manejo y disposición de los desechos sólidos debe estar acompañado del control  de animales transmisores de enfermedades, particularmente los roedores.

Estos temas nos llevan inexorablemente al peligro que representa el mal estado de la mayoría de nuestros mercados públicos. En efecto, allí se expenden alimentos en condiciones que amenazan la salud de la población.

Ese es, sin duda, un grave problema de salud pública en nuestro país.

Como dije anteriormente, importamos bienes alimenticios que juegan un papel fundamental en la alimentación de nuestra población.

Al respecto, propongo, en primer lugar, que todos los productos importados sean etiquetados en el idioma español, de manera que los consumidores sepan, a cabalidad, lo que están consumiendo.

En segundo lugar, propongo que los organismos competentes aseguren al consumidor que el contenido de los alimentos adquiridos se corresponda con lo establecido en la etiqueta, y se penalice la adulteración.

En tercer lugar, propongo la aplicación de un riguroso régimen de consecuencias a quienes violen las normas de calidad y manejo vigentes.

En conclusión, es responsabilidad del Estado y del sector privado garantizar que los bienes alimentarios reciban un manejo adecuado desde las fincas hasta la mesa de los consumidores.

Señoras y señores:

Mi intervención en este foro ha descansado en tres pilares:

En primer lugar, reconocer que la calidad de la alimentación es un tema de salud pública. En ese sentido, es responsabilidad del Estado aplicar controles para que los alimentos que consumimos reúnan las condiciones de calidad y contribuyan a la salud de los ciudadanos.

En segundo lugar, la seguridad alimentaria es inseparable de nuestra capacidad para producir e importar eficientemente. Para ello es necesario fortalecer nuestro sistema de investigación, extensión y capacitación, así como mejorar el financiamiento y la infraestructura de transporte, almacenamiento y comunicación.

Y, en último lugar, desde el productor agropecuario ubicado en la más remota comunidad del país, hasta la agroindustria más sofisticada, necesitan y merecen el respaldo de nuestras autoridades para asegurar la rentabilidad de sus empresas.

Al concluir mis palabras, reitero ante este foro mi compromiso para que la salud de nuestra población y la prosperidad de nuestros productores de alimentos ocupen un lugar prioritario en la agenda nacional.

Muchas gracias

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